¿Quién tiene la fórmula?

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¿Quién tiene la fórmula?

¡¡¡¡Por qué no puedes cerrar los partidos!!!… ¡¡¡me cagaste la
taquilla del clásico!!!… Línea discordante cargada de contenido
detonante que ronda el ambiente guayaquileño en busca de la confirmación
final. ¿Cerrar los partidos?… ¿me pregunto cuál es la súper formula
secreta y efectiva para hacerlo?

Lo acusan a Zubeldía de no haber ido a esa clase. Salón donde se
transmite la cátedra que te puede garantizar que no te empaten o ganen
con goles logrados más allá del minuto 35 del ST. Fórmula que anula de
por vida los 1-1, ya que si vas ganando 1-0 y aplicas la teoría correcta
y bien asimilada de cerrar los partidos “nunca” te anotarán. ¿Cuál es
el arsenal de ideas que patrocina esta teoría? No perder la pelota en
esos minutos finales, no dársela al rival, colgarte del palo y cubrir
cada espacio del arco, jugar un “torito” constante, destruir cualquier
conato de fútbol organizado, volverte cavernícola con la pelota, quemar
tiempo de manera deliberada, conseguir un contubernio bien trabajado de
los pasabolas para desaparecer los balones, pero ante todo, conseguir la
presencia de un equipo torpe, que frente a ti tengas 11 lerdos sin
calidad y que no posean la capacidad de alterar la aplicación famosa de
cerrar los juegos, este último punto es vital. ¿Y qué hay, si delante
tuyo tienes un plantel capaz de destruir todas estas maranias
futbolísticas?… si saben que hay cientos de equipos capaces de hacerlo.

¿Dónde queda ahí la teoría repetida de cerrar los partidos? Argentina
trató de cerrar  frente a Holanda en los 4tos. de final de Francia 98,
Bergkamp le anotó al minuto 89 y la mandó a casa… ¿será que los
“gauchos” eran un equipo mediocre y sin historia…? 2009, el Chelsea
estaba a menos de un trío de minutos de jugar la final de la Champions, a
falta de ese escaso tiempo, el Barcelona anotó y de paso lo eliminó,
Iniesta demostró que el Chelsea era un equipo turro, que no sabía cerrar
partidos. A mediados de la década del 80, América de Cali tenía un
equipo tan fantástico como las mismas curvas de las caleñas que
deambulaban en esa ciudad, contaba con respaldo económico del
narcotráfico (si me dan vire ya saben quién fue) vencía de manera tan
elegante, que bien podíamos hablar de una superioridad amable hacia sus
víctimas. Pero no todo era perfecto, al parecer, el América no sabía
cerrar.

La música del mundo apreciaba lo que hacía Michael Jackson en 1987 y
aplaudía el rendimiento del América, cuando llegó a Uruguay a disputar
la final de la Libertadores, ya habían ganado 2-0 en Cali y en
Montevideo toparon el minuto 87 empatando 1 a 1, pero el uruguayo Villar
logró la victoria agónica para el equipo “Girasol” y así forzó un
tercer partido, por jugarse en Chile (la diferencia de gol no contaba). Y
si ya era para que los colombianos se mataran después de lo que pasó en
el Centenario, qué decir de lo que vendría después: se jugó un partido
extra de definición en Santiago, 0 a 0 clavado durante 120 minutos, hubo
que esperar hasta el último instante del alargue para que Diego Aguirre
(ex DT de Aucas) con un zurdazo derrotara a Julio Falcioni (DT de
Boca). Peñarol campeón de América, pero no así nomás; campeón en el
último minuto.

Lo más fácil y repetido era decir que el América no sabía cerrar
partidos. ¿Quieren más? En la final de la Champions de 1999 jugaba el
Bayern, minuto 90, término del partido. En cuestión de 43 segundos
recibió goles de Sheringham y Solskjaer del M. United, perdió e ingresó
al club de los que no saben cerrar partidos, institución con miembros
como Argentina, el Chelsea y el América de Cali de los 80. Entonces,
¿dónde quedó la fórmula? Esa automática teoría que puede convertir en un
cementerio la ambición rival de anotarte. ¿Me van a decir que estos
equipos no tenían la capacidad de cerrar los partidos?  Decir que existe
fórmula mágica  para estas circunstancias es como decir que los penales
son una lotería, no, no y 78 veces más no.

 

Si delante tuyo tienes un
equipo capaz, nada esta asegurado, te pueden anotar en el minuto 1, como en el
minuto 90.
No hay receta mágica…bueno,
esta bien, a menos que los 11 del otro lado de la cancha sean unos cojudos.

Hasta pronto.

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