Para los que preguntan que es el «Codigo Tarado»

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Para los que preguntan que es el «Codigo Tarado»

A PEDIDO DE LOS QUE SE SINTIERON OFENDIDOS POR LA PALABRA TARADO
REPRODUCCION SOLICITADA…PUESTA AL AIRE ORIGINALMENTE EN 2011
Códigos ardientemente respetados y cumplidos a rajatabla cuando por las venas corre la pasión ciega de un hincha que no perdona, no olvida, que no acepta lo que considera desaires y humillaciones al equipo de sus amores.

Reglas escritas y elaboradas al calor de la euforia de la esquina del barrio, bajo cuchufletas propias de quienes comicamente iniciaron una simple “joda” que con el tiempo fue asimilada de la manera mas torpe posible por cerebros que no pudieron procesar el génesis de la situación.

Incrementado el cuadro patético de la situación, se presenta una notable y firme evolución del código, escrito quien sabe por quien, pero cada vez mas peligrosamente respetado por sus fieles y firmes devotos a posturas nada orientadoras y alejadas, a miles de millas de distancia, de la razón y coherencia.
De que diablos estamos hablando???
Del actual y cada vez mas arraigado credo de una masiva cantidad de hinchas del fútbol presente.
La iniciativa de Barcelona de bautizar con los nombres de Jose Francisco Cevallos y Carlos Luis Morales los arcos del estadio Monumental, genero la erupción salvaje de muchas de estas irrisorias “normas”.
Aquí el apocalipsis de criterios:
Jose Francisco Cevallos acerco el trofeo de la Copa Libertadores a Guayaquil, esa copa que había sido esquiva a clubes ecuatorianos hasta que LDUQ la gano en el año 2008. El trofeo original fue visto por múltiples personas que hicieron largas colas para tomarse fotos y contemplarla de cerca.
Sin embargo para muchos, el hecho de haberla traído a Guayaquil fue visto como una ofensa, un irrespeto para quienes no eran dueños de ella.
El gesto agradable de Cevallos se convirtió en repudio de unos cuantos, lo que en buenos términos de los que andan a pie se conoce como “pica”.
Estas manifestaciones de considerar irrespeto el haber llevado la copa a Guayaquil se suman a los códigos que exigen no celebrar goles contra tu ex equipo, no besar camisetas, si es que no te pagan su sueldo y te despiden intempestivamente, no podrás demandar, si te cambian de equipo y llegas a una institución seria y ejemplar, tampoco podrás resaltarlo.
Otro hincha me escribía y decía que es imposible perdonarle a Jose Francisco Cevallos el haberse cambiado a jugar con el enemigo.
Desde cuando es Liga enemigo de Barcelona?
Y si lo ven así, por que vociferan heridos de cólera cuando alguien compara el partido entre estos dos equipos con un clásico.
Traidor es quien se cambie al considerado equipo antagonista.
Se rendirá tributo a la mentalidad de las barras bravas argentinas y constantemente se citara como ejemplo supremo la ideología que aplican alla con situaciones que vinculen a equipos rivales. Es común escuchar decirles a los que cultivan este código: “Anda a ver si en Argentina un hincha de Boca se saluda con uno de River”, ejemplo propio de un cromañon y que da fuerzas a quien quiere aplicar semejante burrada en su región.
Eso si, cuando se presenta una tragedia en estadios del país en mención, se repite una y otra vez que no se quiere caer en ese mundo, que se debe alejar estos devastadores ejemplos, extraditar las costumbres criminales que practican las nefastas barras bravas, pero para citar los ejemplos de códigos si sirven.
“Debes comprender que pensamos como hinchas”, dicen otros que justifican sus actos y razonamientos.
Pero lo único que me pregunto es en que momento la diversión sana entre compañeros de trabajo, colegio o vecinos, se transformo en rivalidad agresiva y peligrosa entre hinchas de los denominados equipos “rivales”.
No quiero aceptar el concepto que expuso el editorialista William Sanchez al tratar de describir al fanático: “aconsejo que, en vez de conversar con un fanático, hágalo con su mascota que seguramente lo escuchará con atención , lo que jamás logrará tratando de entender a un fanático.”
Tengo fe todavía en esta legión de humanos, sacrificados y devotos a sus clubes, en las buenas y en la malas, los que sufren y se alegran por sus acciones.
Se que alla afuera hay muchos buenos todavía, que no siguen códigos tarados y que seguramente no se sentirán reflejados en este escrito.
Quien se sienta ofendido, es un cultor del código.

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