El Yeyo.

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El Yeyo.

Jugaba la Católica y Barcelona, Virgilio Pérez vestía los colores naranja del equipo que enfrentaba al Barcelona que dirigía “Gallo Ronco” Ramírez; Mike Sanz, Walter Valarezo, el “Pato” Gálvez, eran parte de la novena amarilla, las gradas estaban colapsadas, no había dónde sentarse. “Matute” daba indicaciones y se escuchaba una voz por altoparlantes que decía: “Bola afuera por Cuenca”… Nunca olvidaré mi primera visita al Yeyo Úraga, lugar del cual luego fui jugador por 23 años.

Fue estando aquí como pelotero que nacieron mis hijos, que murieron amigos y seres de mi familia, que crecí como persona y obtuve enormes logros deportivos, siempre ligado a este escenario que se construyó en 1965. Es imposible negar mi vínculo sentimental, especial y deportivo con el hoy maltrecho, destruido y casi acabado Yeyo Úraga.

Podría citar aquí todos los aspectos que deben mejorar en este estadio, tendría que usar cerca de cuatro páginas, quisiera hacerlo, pero se aburrirían leyéndolo. Solo voy a ubicarlos en el estado de la cancha, una cancha y monte (no es césped) que bien podría llamarse el “infierno de los outfielders”, una superficie que es “carnaval de los desniveles”, con una tapa metálica de riego en la mitad y múltiples huecos, trampas mortales para los jardineros que patrullan este sector esencial en una cancha de béisbol.

Todos los años era lo mismo, se daba a conocer que el Yeyo Úraga sería refaccionado, que habría cambios… todo se limitaba a pintura, tierra en la cancha y paren de contar. La única decente remodelación se la hizo hace cerca de 20 años. Se arreglaron baños, camerinos, sillas y sectores de cabinas de radio. El tiempo pasó, el arreglo caducó y toda esa buena intención se destruyó o está olvidada.

Toda esta posibilidad de construir un nuevo, moderno y más técnico estadio de béisbol en otro sector de la ciudad abre múltiples sentimientos y reacciones de varios grupos de personas, algunos de ellos, ex jugadores que no aparecen ni ayudan nunca al deporte (no todos) y cuando son citados a derrochar nostalgia y lástima llegan corriendo al estadio. De ahí volverán a vivir en la clandestinidad del béisbol.

El sector ha sido beisbolero por años, los niños del barrio se quedarán sin cancha, sin un símbolo del sector. Por dicha razón el proyecto de un nuevo súper parque -que se planea construir- debería considerar dejar al menos un diamante para las escuelas infantiles y masificaciones que ya son tradicionales en el barrio.

Que sea cierto que el nuevo estadio que se construirá reunirá todos los detalles y aspectos técnicos que van de la mano del espectáculo, que se puedan desarrollar nuevas generaciones de jugadores en una cancha de la cual todos se sientan orgullosos y con deseos de ir y divertirse.

Los Dodgers de Brooklyn, los Yankees de Nueva York, Bravos de Atlanta, Rojos de Cincinnati, Phillies de Philadelphia; todos equipos legendarios de grandes ligas, campeones en su momento, demolieron sus estadios, sus catedrales terminaron siendo polvo para dar paso a sus nuevos escenarios.

No me opongo a una nueva era del béisbol local, un nuevo estadio, con nuevas caras y sangre fresca liderando el camino, dependerá de ellos sacar adelante esta disciplina, no a un destruido estadio. El Yeyo Úraga solo no podrá desarrollar el deporte, y peor en el estado en el que está.

Tan deplorable es su condición que incluso familiares de quien lleva su nombre el estadio bromean sobre la posibilidad de una noche escabullirse y a escondidas sacar el nombre, ya que, tal como está, no los llena de orgullo ver su apellido decorando la edificación.

Escenario perfecto: Remodelar de verdad el estadio y construir uno nuevo. Se abrirán polos de desarrollo del deporte y existirán nuevas alternativas.

Escenario más que aceptable: Construir el nuevo estadio y dejar al menos un diamante en el sector del Yeyo Úraga.

Escenario de resignación, pero no de tragedia: Nuevo y moderno escenario y le decimos adiós al Yeyo… así pasa, ley de la vida.

La realidad es que si tuviera que decidir con un voto qué hacer con el estadio y existiera solo la alternativa de demolerlo y construir uno nuevo en otro lugar… votaría a favor. El estadio está acabado, da lástima, no es un escenario de nivel, es un veterano grupo de paredes con una cancha que no inspira ni seduce.

Hace poco menos de dos años llegó a la ciudad un experto estadounidense en campos de béisbol. Cuando lo vio y analizó su conclusión fue rotunda: “Hay que tirar abajo todo esto de aquí y hacer uno nuevo. No queda otra”.

Pasa siempre, la abuelita que no quiere abandonar su casa de toda la vida por una nueva, moderna y funcional… pasa a veces también que esa abuelita le da de comer al barrio en esa vieja y horrible casa del sector.

Dilemas y conductas de ecuatorianos: exigimos cambios de manera firme y con gritos… cuando estos llegan, nos da pena y no queremos que se den. ¿Qué hacemos con el Yeyo Úraga?

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