Desidia, abandono y apatía total al béisbol de primera categoría

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Debo haber estado en peso de infante, mi papa todavia tenia la facultad de cargarme; en su brazos desperté mientras me movilizaba de una habitación a otra, exploté en júbilo. Algunos días de su ausencia habían ocasionado un malestar emocional en mí, entonces claro, al verlo solo atiné a preguntarle lo que en esa edad podía razonar: ¡¿Qué me trajiste?! Y sí, había un obsequio, unas tarjetas de béisbol, con los nombres, fotos y datos totales de cada jugador. Inicié el estudio, análisis de cada beisbolista, promedios, equipos donde habían jugado, posiciones y ciudad de nacimiento; había venezolanos, dominicanos, mexicanos, cubanos, panameños, y por supuesto gringos, lógico, las tarjetas pertenecían a la liga de EE.UU., las grandes ligas de béisbol. Qué bueno que sería un mundial de béisbol entre ellos, pensé, así como lo hay en el fútbol. Argentina 78 había terminado por esos días y todavía recuerdo que deliraba con lo que había dejado el evento. Organizaba mi propio mundial con las tarjetas, armaba equipos entre los países que estaban representados, moría de ganas de verlos en acción en la cancha, la ilusión de tener a Ecuador jugando esa prueba era fija en mis fantasías. Pero ocurría algo: cuando se organizaban los mundiales de béisbol de verdad, ninguno de estos peloteros era autorizado por sus clubes para jugar; a los mundiales no iban los mejores. Peor aún, no podían actuar profesionales. ¡¿Se imaginan un mundial de fútbol solo con jugadores amateurs?! La primera advertencia sobre el nivel de los mundiales de béisbol la dio el COI, el béisbol dejaría de ser olímpico si a los torneos no iban los mejores de cada país. Que ironía, el ente que durante años batalló por la presencia exclusiva de amateurs en sus competencias, ahora exigía la llegada de los profesionales. Fue así que apenas en el año 2006 se organiza el primer mundial sincero de béisbol, con las figuras auténticas de cada país, los jugadores de las grandes ligas representarían a su territorio, nacía el clásico mundial de béisbol. Las autoridades de este deporte, a escala internacional reaccionaron e iniciaron la organización del verdadero certamen. Pude presenciar el primer evento, por nada del mundo me hubiera perdido mi juego de cartas de la infancia, pero ahora en la vida real. Aquel certamen tuvo a las potencias más consagradas del mundo y también a países como China y Sudáfrica, selecciones que cuando las vi jugar, asimilé de inmediato que la selección de béisbol de Ecuador podía vencerlas. El proyecto debía ser sencillo para Ecuador, proponerse un plan a 5 años y aspirar a llegar al clásico mundial del 2013, no al del 2009, tener más tiempo para desarrollo y llegar a la tercera edición de este campeonato. Las bases acaban de ser repartidas para el clásico del 2013, se incrementa el cupo de países participantes; de 16 equipos se pasa a 28 selecciones nacionales de béisbol, habrá clasificatoria para elegir a las nuevas 12 novenas que jugarán el evento venidero. Y el béisbol de Ecuador, ¿qué hizo para estar listo para esta clasificación? Nada o casi nada, solo les puedo contar que la última vez que participó en un torneo internacional fue hace 5 años. El divorcio de la Federación Ecuatoriana de este deporte con el béisbol de primera categoría es deprimente, hay un nexo precario, con interés nulo de desarrollo y con acciones que van más de la mano con la destrucción, antes que la construcción.

La Federación ha trabajado de manera activa en otras categorías, pero su abandono a la actividad mayor es aterradora. Me pregunto: ¿qué les digo a todas esas divisiones menores?: “jueguen hasta que tengan 17 años, de ahí ya no respondo, no les garantizo competencias, ni exposición internacional, lo nuestro es hasta que ustedes sean mayores, y chao”. Sé que cuando la Federación lea esto, saldrá con ese argumento mediocre de que no es la encargada del desarrollo de la alta competencia. Si es así, siento vergüenza de que una Federación tenga esa visión de la categoría que debería ser la punta de su pirámide de desarrollo. Si después de todo, igual mantiene esa ideología escapista de la realidad, por qué no crear una comisión de selecciones de primera categoría a la que se le dé esa responsabilidad, una entidad que no tenga miedo o sepa cómo lidiar con jugadores adultos. ¿O será acaso que con los equipos infantiles hay más opresión y control y por ende todo es más controlable?
Hago énfasis en que los jugadores también tienen mucha culpa, ellos no han sabido luchar por su progreso o mejores días en esta disciplina deportiva. Lo que sí queda claro es que es una verdadera derrota, un fracaso demasiado relevante, que equipos como Francia, República Checa, Israel, España, Tailandia e Inglaterra sean invitados a la clasificatoria y Ecuador no. Países a los que, con el trabajo indicado, se los hubiera vencido sin dificultades. No así con naciones como Nicaragua, Colombia y Brasil, novenas de mucho mejor nivel y que también han sido invitadas a la eliminatoria. Hago memoria y me encuentro con otra ironía; en 2005 Ecuador jugó un regional en busca de un cupo para un panamericano, derrotó a Colombia en los dos partidos que le tocó jugar -los “cafereros” han sido campeones mundiales y a ese evento fueron con varios jugadores profesionales-, y clasificó al certamen. Era el mejor momento en la historia de este deporte desde los sudamericanos que ganó en los 60. Solo meses después la Federación disolvió al cuerpo técnico que logró la clasificación y no envió a ninguno de los miembros de su directorio al torneo en Cuba. Era el momento más importante para el béisbol del país y la Federación optó por pedir ayuda a algunos padres para que los representen en una cita que debió ser ineludible para esos directivos. Con el correcto trabajo, el béisbol de Ecuador hubiera tenido todo para ser invitado a la eliminatoria para el clásico mundial del año 2013. El abandono es real, vergonzoso y ya muy antiguo. ¡Qué alguien despierte!

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