Diego Arcos

Crónicas, entrevistas y opinión.

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El arbitro

POR EDUARDO GALEANO El árbitro es arbitrario por definición. Éste es el abo- minable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posi- ble y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absolu- to con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbit

POR EDUARDO GALEANO caricatura-arbitroEl árbitro es arbitrario por definición. Éste es el abo- minable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posi- ble y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absolu- to con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la conde- nación: el amarillo, que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio. Los jueces de línea, que ayudan pero no mandan, miran de afuera. Sólo el árbitro entra al campo de juego; y con toda razón se persigna al entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge. Su trabajo consiste en hacerse odiar. Única unanimi- dad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamás lo aplauden. Nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo ga- lopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los veintidós jugadores; y en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigien- do su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cada partido, sudando a mares, el árbitro está obligado a per- seguir la blanca pelota que va y viene entre los pies aje- nos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia le ha sido otorgada. Cuando la pelota, por accidente, le golpea el cuerpo, todo el público recuer- da a su madre. Y sin embargo, con tal de estar ahí, en el sagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, él aguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones. A veces, raras veces, alguna decisión del arbitro coin- cide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias. Los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuánto más lo odian, más lo necesitan. Durante más de un siglo, el árbitro vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores.